“Caí,  sin haber subido”,  comenzó a decir.  “No pasó nada;  la culpa es mía  por acercarme tanto”, concluyó.

Horas más tarde, los dolores.  No tuvo fracturas, pero si  graves  molestias en la zona sacro ilíaca izquierda.  En veinticuatro horas  había vuelto a la normalidad, pero con la promesa de no ingresar más a la zona de palenques.

El nieto. Desde muy pequeño, Marco sintió atracción por los equinos. Calzaba pañales y ya andaba a caballo.  A los 4  años  intervenía en pruebas de salto, categoría “cruzaditas”.  Posteriormente, ha venido participando en diversas jornadas de endurance,  categoría Menores, tanto en La Pampa, como en la provincia de Buenos Aires  (Pinamar y Junín).  Triunfó en alguna e integró podios en otras.

Por cumplir 14 años, en los primeros días del 2012,  ahora ingresó  en la categoría Young Rider.  Tiene conciencia que es más disputada y por ello se prepara para tener a mano sogas, montura, vendas, herraduras,  etcétera mientras piensa en el trote para calentar previo a una largada y en ese pulular de relinchos que ponen música a las mañanas de las competencias.

No se pierde detalle. “Conversa” con sus montados y los palmea.  Prefiere correr en la naturaleza abierta, en la llanura pampeana, en territorios serranos o montañosos,  en los medanales vecinos al mar o en la zona del  caldenal.   Eso no impide que parte del training lo realice en un hipódromo.

Consectario. Los cruzárabes son ejemplares tranquilos, inteligentes, dóciles y competitivos.  Deben exhibir velocidad y robustez. Ello no implica que proceda a exigírseles en demasía;  hasta “romperlos”.   Son demasiado nobles.

Es  preciso que el jinete o la amazona   conformen un binomio  indestructible.  La mano de quien monta y su relación con el caballo, debe ser capaz de que alguien cabalgue haciendo de dos cuerpos uno solo.

La mansedumbre que se logra, tras una buena doma, es fundamental para pruebas de resistencia. No gana el que llega primero, sino el que marcha más rápido y se recupera en menos tiempo.
Y en esto,  como en todo,  no se deben desoír las leyes naturales.  Las etapas  se deben cumplimentar en tiempo y forma.


(*) Productor agropecuario de tercera generación, abogado y escritor.

pab@cpenet.com.ar
alvarezbustos@hotmail.com

 
Notas anteriores
Dos lecheras y... No alcanza para el toro

Divorcio entre la agenda de "la huella" y la de "los sueños".

“Graciosamente” seguimos exportando.

Ley de Bosques y REPAGRO.

REPAGRO y Ley de Bosques.

REPAGRO y Censo poblacional rural.

El día que se terminaron las vacas.

Consuelo de tontos: perdió el país, pero ganó el gobierno (y los "aplaudidores").

Créditos blandos "también" para alimentar pumas.

Bochorno en el desfile federal.

Pinceladas Equinas desde La Pampa - II.

Pinceladas Equinas desde La Pampa - I.

Stock vacuno, explotaciones agrícolas y soluciones.

 

 

DE POTROS CRUZÁRABES EN DOMA

escribe Pedro Álvarez Bustos (*)

Cielo tormentoso.  Nubes que amenazaban agua con gotas gruesas.  Gente que esperaba ansiosa  se aplacaran  los días tórridos que venía sufriendo y la sequia  -que ya había provocado una declaración de emergencia y desastre agropecuario-  cesara.

Viaje a Uriburu. El abuelo invita a uno de sus ocho nietos a visitar a Angel, el domador;  en Uriburu,  próximo a Santa Rosa, La Pampa.  Ya ha adiestrado con eficacia a otros ejemplares (v. gr. Muñeca TR,  Cicatriz TR  y  Corazón TR)  que vienen compitiendo en el país.

Allá van ambos y observan detenidamente los dos cruzárabes que están en amansadura.   Dama Atrevida TR,  una colorada fogosa y ardiente y Relmú TR, un tordillo canela no tan impetuoso.  Los dos con maneas en las manos y atados a palenques.  Ambos inscriptos en la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Árabes.

Cayó sin haber subido. El abuelo observa ambos animales. Proceden del Haras Travuntué y en ellos tiene cifradas  grandes esperanzas  -en un futuro no inmediato-  en pruebas de endurance.  Comenzarán con 25  y 40 km; luego,  ya federados,  correrán  80, 120  y,  posiblemente,  puedan llegar a competir en  160 km.

No puede con su genio el “Tata”.  Hace muchos años que conoce el tema y a veces olvida que  suma más de media docena de décadas;   es “setentista”  y  fue medio  “montonero”,  pero de los que le adjudican a Güemes,  en la Guerra  Gaucha.   No obstante,  don Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes,  jamás fue Jefe montonero, lo fue de milicias disciplinadas y sujetas a reglas.
Examina la alzada de los animales, sus cabezas en forma  de cuña y con perfil cóncavo;  orejas pequeñas, colas con nacimiento elevado,  fosas nasales grandes y extremidades bien plantadas.

Observa,  contempla y hace saber que una de las maneas se ha enredado.

Abstraído por el porte y garbo de los cruzárabes,  en un segundo ve que uno de los ejemplares gira en el palenque plantado en el centro del corral  y le puede hacer daño.  Rápido de reflejos, intenta rotar sobre su cuerpo para alejarse. Pero claro, el almanaque indica que su agilidad ya no es la misma y un pie pisa al otro y se “piala”, cuando  estaba casi de espaldas al montaraz. Su humanidad da por tierra.  Se levanta por sí solo, mientras el nieto ofrece su asistencia  y junta algunos efectos personales  que se habían  esparcido por el suelo.