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Con el ojo avizor para detectar la mejor estructura, la profundidad del ejemplar y el tamaño correcto. Hoy pareciera ya impuesto un producto “moderado”, mudable para el consumo interno y también para la exportación; es decir, versátil para el engorde liviano y también pesado.
Ya han ido quedando en la historia aquellos animales bonitos que estaban emparentados con el “enanismo”, como también sus continuadores cercanos al “gigantismo”.
Genética que emigra.
La crisis ganadera provocada por las políticas intervencionistas del Gobierno, como se ha venido puntualizando en columnas anteriores, a la que se sumara la gran sequía de los últimos años -que llevó a la desaparición de miles de ganaderos, en especial criadores- impide que esos reproductores, jurados en Palermo, puedan ir al campo a producir. Menos aún, a la zona del caldenal pampeano.
Es exacto que la situación ha cambiado, pero solo para los sobrevivientes. En general, para los que siempre dispusieron de “mejores espaldas”.
Pero, hay algunos sobrevivientes que están en “terapia intensiva”. Los reproductores “palermitanos” tardarán en llegar a esos rodeos, en el supuesto que logren recuperarse.
Un país, como Argentina, que ha perdido millones de cabezas de bovinos demorará -un poco mas- en reconstruir su economía ganadera, siempre que las cosas cambien.
Ante ello los ganaderos extranjeros, que nos visitan, encuentran propicia la oportunidad para incorporar genética de alta gama, por costos extremadamente bajos y, en algunos casos, a valores viles.
Lo que ocurre es que vienen de países donde las políticas ganaderas son asuntos de Estado. Eliminaron regulaciones y, en forma gradual, llegaron a suprimir el impuesto a las exportaciones; con un tipo de cambio libre; entre otras medidas.
Han expandido la ganadería y logrado mercados en el mundo, colocando carnes de las cuales carecían pero que ahora producen con buena genética, eficiencia y una renta muy positiva.
Antes “capacitación intelectual”, ahora “genética”.
Seguimos siendo benefactores, lo cual no está mal. Siempre se debe ser solidario.
Lo que no se debe (porque por lo visto se puede) es seguir siendo neófitos y tardos. Nemo auditur turpitudinem suam alegam (Nadie puede alegar su propia torpeza).
Acotación. Reconocimiento a los Jurados.
Finalmente, vaya un recuerdo-homenaje para una familia “cabañera” de Eduardo Castex, La Pampa y en ella para todos los impulsores de la ganadería que año a año garantizan esa genética de calidad, distintiva del rodeo argentino.
En primer lugar, para Don “Gildo” Macagno, fundador de la Cabaña “La Ramonita” y, luego, para su hijo y fundador de la Cabaña “Coni Antú”, Nelson Macagno. A ambos, en la persona de ese joven de “tercera generación”, cabañero continuador, que es Ariel Macagno, hoy jurado de la raza Aberdeen Angus, en Palermo, por segundo año consecutivo.
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Allí estaba Ariel, joven, sereno, con andar pausado, tanto en la arena como en el barro y los ojos bien abiertos. Examina los reproductores, en ardua tarea y desde todos los ángulos.
Los hace caminar, acompañando esa marcha un par de metros atrás, para visualizar mejor su desplazamiento dada la gran masa muscular y abundantes kilos; sabiéndose observado por quienes pretenden desentrañar la evaluación que va elaborando.
Luego viene el veredicto, con un chirlo o una palmada en el anca, provocando aplausos y alegrías, de las que impiden reprimir lágrimas en muchas ocasiones.
Y en Ariel Macagno, vaya similar reconocimiento de idoneidad al señor Norman Catto, jurado en Hereford y a todos los demás por su eficiencia y responsabilidad.
(*) Productor agropecuario de tercera generación y abogado.
pab@cpenet.com.ar
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“Graciosamente” seguimos exportando |
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escribe Pedro Álvarez Bustos (*) |
Hace varias décadas, antes que se legislara sobre la “enseñanza libre”, no había en Argentina muchas Universidades y todas eran estatales, laicas y gratuitas.
Al no ser tantas, concentraban profesionales de primerísimo nivel. Era común que un catedrático titular fuera autor de decenas de ensayos, investigaciones, libros sobre temas específicos y tratados de varios tomos; al margen de dominar (leer, hablar y escribir) varios idiomas.
Exportábamos gratuitamente capacitación intelectual.
Era frecuente observar hermanos latinoamericanos (bolivianos, paraguayos, peruanos, colombianos, etc) compartir aulas con argentinos nativos, en igualdad de condiciones.
Graduados, como profesionales universitarios, regresaban a sus países a ejercer su carrera. Un ínfimo número se quedaba en Argentina, constituyera o no una familia. Aún se los encuentra, como también a sus descendientes.
La Universidad argentina brindaba una educación de excelencia y como era gratis y sin condicionamientos, permitía al egresado de países hermanos regresar a su terruño y, sin reválida alguna, poder ejercer libremente su profesión liberal.
Sin duda, se trataba de un gesto magnánimo y profundamente generoso. Máxime que aquí, en Argentina, muchos jóvenes no podían cursar la Universidad, por falta de recursos para solventar gastos de viaje, alojamiento y manutención; en una época en que el sistema de becas era prácticamente inexistente.
Ahora se ve algo “distinto”, pero “parecido”, en la Expo Palermo.
Jornadas de sol y de lluvia, templadas y frías. Las pistas con pesada arena o barro. Tribunas con decenas de miles de personas; grandes y chicos. Mujeres y hombres. Están “todas” y “todos”, como le agrada decir a la Presidente, aunque a tal expresión no se la considere ajustadamente correcta.
Sí, porque también acompañan productores del MERCOSUR (Brasil, Paraguay, Uruguay, etc), de Chile, Colombia, México, Canadá y los Estados Unidos.
Tribunas y pasillos repletos de gente, especialmente en los horarios de las juras (sin contar destrezas y demostraciones). Y omitiendo, ex profeso, el acto inaugural. Allí desfilan reproductores de excelentes características, después de meses o años de preparación. Los interesados en comprar o simplemente admirar distintos aspectos, analizan los patrones genéticos, atentos a querer descubrir mayor precocidad, docilidad, mayor producción de carne o facilidad de engorde.
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