Entre los cabañeros de nuestra región, que ya comenzaron con sus compromisos de competencias y ventas, la mejora en los valores significa un cierto alivio, que les permitirá acceder a nuevas inversiones. Pero temen el retorno de los intervencionismos por parte del Gobierno, con el riesgo de que se vuelva a perjudicar a un sector, ya de por sí, debilitado.

Si uno analiza los números del negocio, parece una ecuación favorable, sin entrar a considerar cuánto han perdido los ganaderos en los últimos años. Se puede hablar de subas superiores al 70% en los valores de venta de los reproductores, con respecto al año pasado; pero también es cierto que ahora es mucho más difícil entrar en el negocio. La cuenta es muy simple: el año pasado, para comprar unas 500 vacas generales se necesitaban 100 mil dólares, en cambio ahora, para adquirir igual cantidad, se necesitan unos 330 mil.

Siempre recordando que en la cría de ganado, para esperar un retorno, deben pasar unos cinco años, ya que la vaca debe preñarse y criar a su ternero, luego hay que recriarlo y darle una terminación adecuada, lo que supone también inversiones en pasturas, sanidad y manejo.

Hay muchos empresarios agropecuarios que mirarán este nuevo escenario desde afuera, los que ya liquidaron, o redujeron, buena parte de su rodeo al percibir claramente una falta de políticas oficiales en materia de carnes. Este fantasma todavía persigue a los ganaderos, que siguen temiendo la decisiva injerencia del Gobierno en temas productivos, donde se advierte un marcado desconocimiento.

Hoy no resulta fácil que alguien que liquidó su rodeo se interese en volver otra vez al negocio ganadero, persiste la sombra de Moreno con su lista de precios máximos, los cierres a las exportaciones y la instalación obligada de toneladas de la “gran barata” en los supermercados del conurbano bonaerense.

Se nota un mesurado optimismo, pero a largo plazo, si es que hubiera un cambio de Gobierno. En tanto habrá que convivir con la sensación de un negocio amarrado por intereses políticos, cuyo rehén siempre resulta la ganadería.

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Gabriel Varela
Palabra Rural

 

Mesurado optimismo para invertir en ganaderķa

escribe Gabriel Varela

Las mejoras en los precios ganaderos, comenzada sobre fines del año pasado, ha estimulado notablemente las operaciones en todas las categorías de comercialización de hacienda, desde la venta de reproductores hasta los animales terminados, pasando por la invernada y cría. Debe considerarse que el ganadero debió soportar casi un lustro de amargos años de feroz intervencionismo gubernamental, que terminó diezmando el rodeo nacional.

Un solo dato habla a las claras de cual es el cuadro que el inversionista debiera mirar: en el período comprendido entre 2008 y 2009, el stock ganadero nacional se redujo en cinco millones de cabezas.

Pero el proceso comenzó bastante antes, aunque no fuera tan evidente como durante ese lapso.

Esa hacienda que está faltando, significa imposibilidad de cumplir cupos de exportación y, por consiguiente, menor cantidad de carne en las góndolas y a un precio cada vez mayor.