Las aventuras de Rosita: la crio de bebé y hoy es todo un personaje

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on email

Marta Castro, de la cabaña La Manea (Bordenave) le salvó la vida a una potranca que perdió a su mamá al nacer. Hoy sabe abrir la puerta, hace morisquetas y come frutas. Sus videos son populares en las redes sociales. Vive en manada.

Fuente: La Nueva.

Rosita buscó el calor de su mamá y mamó el calostro. El enorme cuerpo tendido a su lado, en la serenidad del campo, yacía inerte.

La yegua no había logrado salir con vida del parto y ahora la bebé debía pasar la prueba más dura: subsistir con la guía de su instinto.

Unas horas después, Marta Castro, dueña de la cabaña La Manea, de Bordenave (Puan), junto con su marido Alfredo Van Hinke e hijos salieron a buscarla. Su hija Agustina la vio. Martita ensilló y la buscó.

Aquel 13 de octubre de 2019, al ver a esa potranca tan pequeña que apenas podía tenerse en pie, sintió una ternura desbordante.

Fue el inicio del particular vínculo entre ambas que continúa hasta hoy.

La llamó Linda Rosa en honor a su mamá que era Rosalinda.

Rosita es una consentida de la cabaña y un personaje en las redes sociales (En TikTok es @martitaycriollos) pero nada de esto le impidió integrarse a la manada.

Durante los primeros 20 días de vida de la recién nacida, Martita casi no durmió. Como si hubiera tenido un bebé, pero en vez de amamantarlo en la comodidad de un sillón, debía darle la mamadera tendida en el piso del galpón.

“Se la daba cada dos horas, de día y de noche, hasta que en un momento, las tomas se espaciaron y pude volver a dormir cinco horas seguidas”, comentó.

“A veces quería ir a casa y tirarme un rato en la cama pero ella relinchaba, y me quedaba. Me daba una pena. ¡Moría de amor!”, recordó.

Un veterinario amigo con experiencia en caballos la fue guiando y su yerno, también veterinario, la salvó de una infección. Le dio calostro de vaca y, más tarde, leche. Debía ser fresca, así que la buscaba en un tambo.

Al segundo día de vida, Rosita ya salía del box y corría y jugaba con los perros y gatos.

Pronto, por sus privilegios, aprendió a hacer cosas que no hacían los otros caballos: abría la puerta, entraba a la casa del matrimonio y se servía frutas o se ponía frente a la tv. También aprendió a saltar y saca la lengua.

Martita empezó grabar estos encuentros y morisquetas y a compartirlos en las redes. Rosita se convirtió en todo un personaje de Tik Tok.

“Le encantan las peras y las manzanas, a los otros caballos no le gustan las frutas. De chiquita miraba los dibujitos de La Granja de Zenón, le llamaba la atención el movimiento, los colores. Un día entró a la casa y ya no tenía lugar, casi no la puedo sacar de lo que había crecido”, contó su mamá postiza y Presidente del Centro de Equinoterapia local.

La potranca fue sumando destrezas:  saltar, jugar con una pelota y “tomar mate”.  le llama la atención el olor de la yerba.

Martita le dio la mamadera durante más de un año, suplementos y fardos.

“A lo último la mamadera era una botella de gaseosa de dos litros y medio y en vez de 5 litros de leche tenía que comprar 25 cada vez que iba al tambo”, comentó entre risas.

El destete fue en enero. Martita se fue unos días a hacer un curso a Luján y su marido soltó a Linda Rosa con la manada. Cuando la mujer regresó y fue a verla, corrió hacia ella, jugaron, se reencontraron. Luego, Rosita volvió a la manada. La miró un par de veces mientras se alejaba, como diciendo: ¿Y vos, por qué no venís?

“La voy a ver todos los días. Ni bien me ve, viene, me huele, me lame. Tenemos un feeling muy especial”, confesó.

“Rosita no se vende, no se presta, nada. Se queda acá”, dijo.

   Fue cayendo gente al baile

Como si con Rosita no fuera ya mucho trabajo, una noche apareció en el galpón Frida, una gatita recién nacida, también huérfana. Martita le dio leche con una jeringa. Frida se convirtió en la mejor amiga de Rosita, juega con sus crines, camina entre sus patas. Jamás la pisó.

Cuando Rosita tenía 20 días, se murió otra yegua, y quedó sola Lolita, una potranca de 25 días. Poco después se sumó un potrillo, Chamigo, también guacho, de tres meses.

Martita trató de juntar a Lolita y a Rosita en el mismo box, pero no pudo. O se rehusaba una o lo hacía la otra. Tuvo que armar distintos box y dedicarse con paciencia a esta maternidad que asumió de forma estoica.

Hace 30 años que junto a su marido llevan adelante La Manea. Han ganado importantes premios en exposiciones de Caballos Criollos, como la que se realiza en Villa Bordeu, en Bahía Blanca y en Palermo, en Capital Federal.

La Manea. Quien inició con caballos criollos fue el suegro de Martita Alfredo Von Hinke, en 1957. El papá de Fredy le regaló una yegua y un padrillo y el matrimonio compró 6 yeguas más. Así inició La Manea que hoy tiene unos 100 caballos criollos que presentan en remates y exposiciones. En la última exposición ganaron la Tercer Mejor Hembra en la exposición Nuestros Caballlos de Palermo. Era hija de un Gran Campeón. Un caballo castrado pasó la prueba de Felipe Z Ballester, que consta de varias instancias.

Su marido se lo dice siempre: “Vos tenés algo con los caballos”. Martita lo sabe, lo siente. Apenas cruza el alambrado, los caballos comienzan a acercarse, la huelen, la lamen, la integran. No siente miedo. Solo paz y armonía.

La familia. Marta y Alfredo se conocieron en Obispo Trejo, Córdoba, de donde ella es oriunda. En 1988 se casaron y se mudaron a Buenos Aires. Tres años después se instalaron en Bordenave y tuvieron tres hijos (Agus, Flor y Tincho) quienes ya no viven allí pero colaboran esporádicamente con el negocio familiar. El matrimonio tiene una nieta, Josefina, que acaba de cumplir 2 años.

Características. “Los caballos son muy sensibles y perceptivos, se dan cuenta si tenés miedo. Rosa se me viene encima, después Lolita y también La Cordobesa que tiene 4 años y nació el mismo día de mi cumpleaños”, contó,

Seguir leyendo otras noticias